Marrokeando

Decidir adonde viajar es empezar a construir un rumbo.
Y mi segunda vez en ese país quiero marrokear; es decir -en mi lenguaje, ya que considero que es una palabra inventada por mí- caminar cada centímetro, sumergirme en sus aromas, perderme por las callejuelas de los zocos; capturar la imagen desincronizada de los hombres con sus chilabas caminando en direcciones encontradas; de los burros cargados atravezando las angostas calles de adoquines al grito del jinete sentado sobre un paquete de fardo.
Retroceder en el tiempo, quizás más de 200 años, y presenciar las narraciones públicas en la plaza de Marrakech, la sencillez del pueblo, los trabajos artesanales en metal y cuero.
Apreciar y vivenciar una cultura muy diferente a la occidental; conocer otras formas de vida, intercambiar.
Permanecer en el desierto y despertar cada mañana con un salam aleikum, con una vista a las dunas única e irrepetible y compartiendo lo poco o lo mucho que haya con los nómadas del desierto. Adaptarme a todo lo nuevo, hasta al más mínimo gesto. Esa será mi actitud.
Les confieso algo: durante más de ocho meses sentí, por momentos, incontrolables deseos de volver. Ahora voy a intentar descubrir el porqué.

lunes, 8 de febrero de 2010

Rumbeando pa´ Marrakech

Esto lo escribí hace tiempo pero no he tenido tiempo de compartirlo con ustedes. Así que se va la tercera o cuarta, ya no recuerdo.

La noche está estrellada. Los días fríos de cuando llegué ya están quedando atrás. Estoy sentada en la escalera que da a la terraza, la oscuridad me impregna, las estrellas me permiten divisar las siluetas de las casas vecinas y algunas pequeñas luces de linternas e personas que caminan hacía sus casas en la inmensidad de la noche. El viento trae el sonido de unos tambores y cánticos de una fiesta vecina. Las voces masculinas repiten una y otra vez una estrofa de algo que por más que intento no puedo repetir completamente.

Mientras tanto mi primer tajine, sin ayuda de nadie, se está cociendo a fuego lento.

Regresar a la casa, cada día cuando el sol está cayendo, mirar como la luna va ganando altura por encima de las dunas, escuchar el viento y sentir el silencio es un estado anímico y corporal íntegro y supremo.

Otra vez se escuchan los cánticos. Han cambiado la estrofa. Los tan tan, una especie de castañuelas gigantes de bronce, acompañan el ritmo de enérgicos tambores y ahora han agregado unos gritos muy enérgicos y alegres.

Tengo ganas de estar ahí, verlos de cerca. Pero el tajine se está cocinando y como Mustpaha no está en la casa y tengo la llave, no puedo ir. Tendré que esperar aunque tengo miedo que la fiesta termine. Finalmente no fui y al día siguiente me enteré que era un nacimiento.


En estos días pasaron muchas cosas.

Desde que estaba en Argentina quería ver como se hacía la pizza bereber en la arena, así que Mustapha habló con Atman, un amigo suyo que abía hacerla y al día siguiente llevamos la carne y nos fuimos a las dunas cerca d ela frontera con Argelia a preparar la pizza. No me dejaron hacer nada. Me decían: -vos estás para filmar y comer- y eso fue lo que hice.
Mientras ellos buscaban ramitas y ramas para encender el fuego yo seguía cada paso con mi cámara.

Atman preparó la verdura, y la masa de la pizza encima de una loca sobre la arena. Las brasas calentaban la arena, lo que haría de horno para la pizza. Y mientras la masa leudaba nosotros comíamos unos brochette de cordero improvisados con una rama silvestre. Yo estaba a mis anchas. Comiendo con la mano y de forma improvisada.
Cuando estuvo la masa, el chef del desierto, de manera muy habilidosa desplazó la masa sobre una manta y la estiró hasta obtener un círulo; le agregó la carne y las verduras y las cerró con la masa sobrante, logrando un perfecto óvalo relleno de carne. Pero lo más sorprendente y que yo quería ver en vivo y en directo, y no como lo había visto contado por Narda Lepes, cocinar la pizza enterrada en la arena. Fue increíble y además en no más de 20 minutos estábamos comiendo una verdadera pizza bereber hacha por un bereber en tierra bereber. Que aguanten los bereberes!!!!

Al otro día, me refiero al sábado, por motivos muy personales desalquilamos la casa, yo me uní al grupo 30 alumnos de geología de Eugenia, en el albergue Suerte Loca de Merzouga y Mustapha regresó con su familia.

Enseguida em sentí muy cómoda en el grupo. Todos chicos muy jóvenes. Pero sinceramente extraño mucho la compañía de mi amigo. -Que pasa, burro por tu casa-, me parece raro no escuchar más eso.

Anoche fui a pasar la noche al desierto. Hice mi primer caminata de más de dos horas por las dunas acompañando los dromedarios y hasta hice de camellera. Si bien llegué hecha trizas al campamento de jaimas, estoy viviendo todo lo que pensaba que harñia mi sengunda vez en el desierto.

Los bereberes hicieron una fogata y tocaron tambores, cánticos y baile del dromedario hasta entrada la noche. Éramos como 20 bailando en ronda siguiendo la coreografía que marcaba Youssef. Para arriba, para abajo, para un costado,el otro...y así se fue pasando la noche y cuando me fui a recostar en la jaima los tambores seguían sonando.

Al amanecer, mientras los demás montaban dromedarios yo emprendí mi viaje de regreso al albergue andando pero a mitad d ecamino estaba tan exhausta que un australiano me cedió su dromedario. Este San Australiano me salvó de morir en el desierto!!! jejeje. No se dan una idea lo pesado que es caminar por las dunas subiendo y bajando. Terrible!

Después de desayunar nos despidimos d ela gente dle albergue y rumbeamos para Ourzazate donde pasamos la noche. Increíble pero real. Me tocó el mismo hotel que mi primera vez en la ciudad, pero esta vez hice unas fotos del sitio que es precioso.

Cenamos cous cous y mañana voy a Marrakech donde me encontraré con Dany, un chico que conocí en un foro y al quien aún no conozco más que su voz. En principio, el plan es que pasemos unos días juntos. El tiene alquilada una habitación y la vamos a compartir. Y tengo la espina de que nos vamos a llevar de maravillas. Me ha dicho que ya ha hecho muchos amigos marroquíes y yo por mi parte he hecho otro tanto.

El plan es reencontrarnos con Mustapha el 15 en Marrakech y ahí se verá pa´donde piramos.