Marrokeando

Decidir adonde viajar es empezar a construir un rumbo.
Y mi segunda vez en ese país quiero marrokear; es decir -en mi lenguaje, ya que considero que es una palabra inventada por mí- caminar cada centímetro, sumergirme en sus aromas, perderme por las callejuelas de los zocos; capturar la imagen desincronizada de los hombres con sus chilabas caminando en direcciones encontradas; de los burros cargados atravezando las angostas calles de adoquines al grito del jinete sentado sobre un paquete de fardo.
Retroceder en el tiempo, quizás más de 200 años, y presenciar las narraciones públicas en la plaza de Marrakech, la sencillez del pueblo, los trabajos artesanales en metal y cuero.
Apreciar y vivenciar una cultura muy diferente a la occidental; conocer otras formas de vida, intercambiar.
Permanecer en el desierto y despertar cada mañana con un salam aleikum, con una vista a las dunas única e irrepetible y compartiendo lo poco o lo mucho que haya con los nómadas del desierto. Adaptarme a todo lo nuevo, hasta al más mínimo gesto. Esa será mi actitud.
Les confieso algo: durante más de ocho meses sentí, por momentos, incontrolables deseos de volver. Ahora voy a intentar descubrir el porqué.

martes, 26 de enero de 2010

Ya llevo tres días


Recién hoy me pude acomodar. La casa alquilada en Hassi labied es grande, linda y lo más importante es que al despertarme, acostarme y cuando salgo a la puerta, veo las dunas, jejee.

Vuelvo al principio. Al día uno. Eugenia, mi amiga española, llegó al aeropuerto de Barajas dos horas antes de que saliera el vuelo para Marrakech. Durante el trayecto no pasamos hablando de Marruecos, su gente y de nuestras vidas personales. Bastante como para conocernos un poco.

Después de un poco más de dos horas de vuelo, llegamos a Menara, el aeropueto de Marrakech, donde nos estaba esperando un chico del equipo de viaje por marruecos, de mi amigo Mustapha.

Ahí nos esperaban más de cuatro horas de viaje. Para esto ya llevaba encima un poco más de 18 horas pero era tan grande la emoción que nada me pesaba. Eugenia no cansaba de decirme que era de fierro o algo así.

El viaje hasta Ouarzazate, donde pasamos la noche, lo hicimos con dos españolas más. En toral éramos 4 personas en el coche.

Caída la noche, entramos por otro sitio y para mí fue como si nunca hubiese estado en esa ciudad, pero en una vuelta de esquina la ciudad era la que ya había visitado en abril pasado.

Las españolas se quedaron en un Riad, Eugenia en otro y yo en el que había reservado Mustapha para mí. El Riad Dar chamaa era cálido, los ambientes amplios en color beige, había lámparas de metal labrado colagando del techo, ambientes con almohadones, un rico aroma a comida, una piscina con solarium y jardín. Está útlima se podía ver desde el balcón de mi habitación.

El Riad de dos plantas con las habitaciones dispuestas en círculo y una fuente central en la planta baja daba la sensación de estar en uno de esos relatos de las "Mil y una noches".

La cena estuvo fantástica. Fue reencontrarme con los sabores.

Al otro día nos fuimos con Mustapha y dos personas más del equipo de viaje por marruecos desde Ouarzazate a Hassi labied, el desierto.

Llegamos a la casa. estuvimos poco porque caímos de sorpresa y no les dimos tiempo a ordenar. Así que aprovechamos para ir a cenar, beber más té y mientras ellos visitaban amigos yo me ganaba nuevos conocidos.

Hoy ha sido un día especial. Otro dia más y tan especial como los anteriores.

Al mediodía fuimos a Erfoud, a la casa familiar de Mustapha, donde su madre nos preparó de apuro un delicioso tajine con pan casero recién ccocido en horno de barro. Después hicimos las compras en el mercado: un poco de verduras, especias, carne de cordero, frutas. Todo lo necesario para seguir con la dieta del tajine.

Desde que llegué no he hecho más que comer tajine, pasear en coche, conocer gente, beber té y sentirme una chica bereber.

Me estoy dando cuenta que no estoy sóla en el universo de las personas que sentimos una energía especial en éste país y con su gente. Hoy he conocido dos personas. Judith, una norteamerica mayor de edad, que pasará en el albergue Nomad Palace los próximoas 5 años de su vida. Y una pareja española que ya tienen su casa permanente en Hassi Labied.

Y en este momento estoy en el albergue Alí el cojo, que nos presta la conexión a internet.


Hoy por la tardecita salí a comprar pan para acompañar el tajine. Pan, Agrom en bereber. Fui sóla, entré a la tienda y dije: Orido arba agrom..... quiero cuatro panes.

Todos los días aprendo algo nuevo, pero lo que más se aprende es de valores humanos.

Cuando llegó la hora de preparar la cena Mustapha se encargó del tajine. Pelamos y cortamos las verduras pero él se ocupó del procedimiento. Yo seguí cada paso como para recordarlo para todo mi vida.

Hoy llovió, nos dimos cuenta cuando vinimos caminando con la luz de la luna hacía al albergue a conectarnos a internet. Notamos que el suelo estaba húmedo.