Como pasa el tiempo! Pasa y no pasa.Ocurren cosas y no pasa.No tengo tiempo para aburrirme. Todo lo que veo, huelo, escucho, palpo es completamente nuevo. Así es Marruecos. Y el sur del país es la tranquilidad absoluta.
Alrrededor de las 17 horas los más de 30 chicos españoles, subieron a los dromedarios (tienen un sóla joroba y eso los diferencia con los camellos) en carabanas de no más de 8 personas y nos fuimos a pasar la noche a las jaimas. Preferí hacer el recorrido caminando, sintiendo la arena entre mis dedos en cada paso. Después de más de dos horas de caminata y con la noche contorneando las dunas, llegamos al campamento. Estaba molida, me dolía la ingle y un poco las piernás. Iba a tener que dormir bien porque al otro día me esperaba el mismo recorrido y a pie porque no habían llevado dromedario para mí.
Pero un Australiano se apiadó de mí y a mitad de camino me cedió su animal. Que placer más grande poder relajar las piernas. Nunca me gustó tanto montar un dromedario!!
Igual en la caminata aprendí a conducir la carabana donde un animal va unido a otro por la boca. Aprendí a que la forma menos presada de caminarlas es siguiendo la huella que va dejando el dromedario. Él aplasta la arena para nosotros. Y también que no hay que ponerse cerca y detrás porque patea como los caballos. Y que cuando uno se detiene "el bicho" lo hace. Su paso es firme, lento y constanste. Tienen unas pestañas largísimas que lo protejen en las tormentas de arena y huelen muy mal. Su pelaje es áspero, duro y seco. Me gusta mirarlos, pero no montarlos.
Desayunamos en el albergue, nos despedimos de Youssef, el dueño, Hassan, mi querido amigo del año pasado: "el más simpático del desierto" como dice él, y nos fuimos en colectivo rumbo a Ourzazate, donde pasamos la noche. (seguro que repito algunas cosas pero es que pasó tanto tiempo que no recuerdo que es lo que conté y que no).
Llegamos a Marrakech corriendo contra reloj. El grupo de españoles que iban con Eugenia tenían que estar a las 11 en el aeropuerto. A las 7,30 dejamos Ourzazate pero la lluvia y el sinuoso camino de montaña no ayudaban a la causa: llegar a horario. Eran más de las 11 y faltaba media hora para llegar. Eugenia dispuso el operativo “todo listo para marchar a la zona de cheking”. Los que venían sumergidos en un sueño de arena después de haber trasnochado bajo las estrellas al ruido de los tambores, retorcieron su cuerpo intentando entender la situación. Los que estaban conversando empezaron a preparar su equipaje de mano. Mientras, otros regalaban las bebidas que no querían llevar de vuelta a España. Y en clima de confusión y del nerviosismo propio que genera la posibilidad de perder el vuelo, algunos comenzaron a gritar. El micro se detuvo en el aeropuerto. Cuando la puerta se abrió empezaron a enfilar como abejas que van hacía el panal siguiendo a la Reina. En ese clima, donde la meta era llegar al cheking, tuve tiempo de despedirme de muy pocas personas.
Estaba en Marrakech, con mi maleta rosa, mi mochila, un celular con chip marroquí conteniendo importantes números locales y con un cosquilleo en la boca del estómago porque Daniel, el español que sólo conocía por internet y Yahia, su amigo marroquí, me estaban esperando en la plaza Djemaa el Fna. Uno de los puntos de referencia de Marrakech y donde me dejaría el ómnibus que había tomado en el aeropuerto.
La furgoneta blanca aparece casi a la par que desciendo del micro. Baja Yahia con una sonrisa tan pura que los cosquilleos desaparecieron. Carga mi equipaje y mientras se baja Daniel a saludarme. Ahí ya me sentía en casa. En el trayecto que duró el viaje desde la plaza hasta la habitación en la que íbamos a compartir con los chicos, sinceramente, en ningún momento me sentí insegura. Es que hay cosas que son lógicas, al menos para mí. Un chico que viaja sólo desde España y que en más de una oportunidad me transmitió sus temores por encontrarse con alguien que no conocía (Yahia) me daba a pensar que no podría tener malas intenciones conmigo. Y por otro lado la experiencia que acumulo de viajar sóla, de relacionarme con gente que no veo nunca más en mi vida. En fin.
El espacio no era muy grande pero el corazón si lo era. Enseguida Yahia preparó un tajine que estaba para chuparse los dedos y nos empezamos a conocer.
Marrakech me había recibido con lluvia pero estaba bien acompañada. Daniel ya había aprendido bastante a hablar el árabe y Yahia era un profesor de lujo. Yo me quería lucir con mis pocas palabras bereberes y así se nos fue pasando el primer día. Por la noche fuimos a cenar a la plaza Djemaa el Fna, donde están todos los cocineros y vendedores vestidos de blanco, las ollas humean, se mezclan los aromas, y todos se desviven por ganar un comensal. Para llamar la atención pueden nombrar cosas como por ejemplo: “Narda Lepez. Aquí estuvo ella. Venga”.
Esta plaza durante la noche es un mercado de comidas típicas marroquíes. hay cientos de puestos, con cocina a la vista y tablones para comerla. Predomina el color blanco y el humo de las ollas y de los brochettes a las brasas. Alrededor de estos puestos están los pintorezcos carros ambulantes vendiendo jugo de naranja, dátiles, frutas secas y especias. Durante el día se encuentran tarotistas, hombres disfrazados de mujeres, músicos con tambores, vendedores de medicinas mágicas, contadores de historias, encantadores de serpientes, hombres con monos. Es decir todos los que tienen una habilidad, por más impensable que sea, van a la plaza para ganarse la vida. Pero les digo algo, acá comí lo peor hecho y más cara de toda mi estadía hasta el momento, seguro tuvimos mala suerte.
Al lado de la plaza hay uno de los zocos más conocidos. Predomina el azul, amarillo y verde en todo lo que exhiben para la venta. Creo que no hay ojos que puedan mirar todo lo diferente que ofrecen con un simple paseo por el zoco. Hay que internarse, conversar con los vendedores, tomarse uno que otro té y comprar despacio porque en todo Marruecos "la prisa mata".
Justo estaba el Festival de Cine Internacional y fuimos a ver una película italiana subtitulada en francés. Una biografía de Musssolini. Entendí casi todo. Después otro día fuimos a tomar un café y lo conocí a Hamid. Un nuevo amigo que había logrado Daniel en el Instituto Cervantes de Marrakech y que estaba interesado en practicar español. Entonces intercambiaban intereses de aprendizajes de lenguas. En esa oportunidad arreglamos para ir el día siguiente hasta las cascadas de Ourika.
Marrakech, la ciudad roja, de las palmeras, es para estar unos días pero yo amo la naturaleza así que prefiero las montañas, el desierto.
Marrakech simpre está iluminada, preferentemente luces tenues. Con calles amplias como avenidas y faroles de diseño. Gran cantidad de palmeras y plantas de naranjas. Tiene muchos jardines, fuentes y el color de las construciones es dentro de las tonalidades del ladrillo rojo. Los dromedarios, los burros, los autos, los colectivos, las motos, las bicicletas, todas comparten la vía.
dedicamos con Hamid que está estudiando para guía para hacer un día de museos y visitamos Palais Badí, Palais Bahía, un Museo de arte bereber y los Jardines Majorel, con su descomunal estanque.
Las fotos las pueden ver en el mismo vínculo que subí días anteriores. Hay nuevas fotos.
Al otro día, al mediodía, partimos con Dany para Essaouira a conocer la playa marroquí. Llegamos e noche con un frío impresionante pero aprovechamos para recorrer el centro y lugar turñistico con mercados y restaurantes y yo compré un precioso y grande plato de cerámica de Safi, la región donde los hacen. Son pintados a mano y artesanales. Estuve un rato peleando el precio. Como me divierto con eso! Al final lo compré por 80 dh, menos de 8 euros, y los dos qudamos contentos.
Esa noche dormimos en un albergue a 9 km de Esssaouira porque no encontramos un camping más cercano. Pero dormimos en los colchones que tenía preparados Dany en la furgoneta. Fue una experiencia. Estar de campamento pero sin carpa, jeje.
Al otro día fuimos a conocer otras playas camino a Agadir. La primera era de pescadores: Plage Tafedna y la segunda, donde comimos un delicioso tajine de pescado fresquito, era de surfistas: Imsouane.
Hacía frío, llovía y así y todo decidimos regresar de noche a Marrakech. A las 23 horas estábamos de nuevo en la casita de Marrakech. Que placer!!!
Y bueno al otro día ya me encontré con Mustapha y volvimos para el desierto. Cada vez que lo miro estoy en una pintura diferente.
sábado, 20 de febrero de 2010
lunes, 8 de febrero de 2010
Rumbeando pa´ Marrakech
Esto lo escribí hace tiempo pero no he tenido tiempo de compartirlo con ustedes. Así que se va la tercera o cuarta, ya no recuerdo.
La noche está estrellada. Los días fríos de cuando llegué ya están quedando atrás. Estoy sentada en la escalera que da a la terraza, la oscuridad me impregna, las estrellas me permiten divisar las siluetas de las casas vecinas y algunas pequeñas luces de linternas e personas que caminan hacía sus casas en la inmensidad de la noche. El viento trae el sonido de unos tambores y cánticos de una fiesta vecina. Las voces masculinas repiten una y otra vez una estrofa de algo que por más que intento no puedo repetir completamente.
Mientras tanto mi primer tajine, sin ayuda de nadie, se está cociendo a fuego lento.
Regresar a la casa, cada día cuando el sol está cayendo, mirar como la luna va ganando altura por encima de las dunas, escuchar el viento y sentir el silencio es un estado anímico y corporal íntegro y supremo.
Otra vez se escuchan los cánticos. Han cambiado la estrofa. Los tan tan, una especie de castañuelas gigantes de bronce, acompañan el ritmo de enérgicos tambores y ahora han agregado unos gritos muy enérgicos y alegres.
Tengo ganas de estar ahí, verlos de cerca. Pero el tajine se está cocinando y como Mustpaha no está en la casa y tengo la llave, no puedo ir. Tendré que esperar aunque tengo miedo que la fiesta termine. Finalmente no fui y al día siguiente me enteré que era un nacimiento.
En estos días pasaron muchas cosas.
Desde que estaba en Argentina quería ver como se hacía la pizza bereber en la arena, así que Mustapha habló con Atman, un amigo suyo que abía hacerla y al día siguiente llevamos la carne y nos fuimos a las dunas cerca d ela frontera con Argelia a preparar la pizza. No me dejaron hacer nada. Me decían: -vos estás para filmar y comer- y eso fue lo que hice.
Mientras ellos buscaban ramitas y ramas para encender el fuego yo seguía cada paso con mi cámara.
Atman preparó la verdura, y la masa de la pizza encima de una loca sobre la arena. Las brasas calentaban la arena, lo que haría de horno para la pizza. Y mientras la masa leudaba nosotros comíamos unos brochette de cordero improvisados con una rama silvestre. Yo estaba a mis anchas. Comiendo con la mano y de forma improvisada.
Cuando estuvo la masa, el chef del desierto, de manera muy habilidosa desplazó la masa sobre una manta y la estiró hasta obtener un círulo; le agregó la carne y las verduras y las cerró con la masa sobrante, logrando un perfecto óvalo relleno de carne. Pero lo más sorprendente y que yo quería ver en vivo y en directo, y no como lo había visto contado por Narda Lepes, cocinar la pizza enterrada en la arena. Fue increíble y además en no más de 20 minutos estábamos comiendo una verdadera pizza bereber hacha por un bereber en tierra bereber. Que aguanten los bereberes!!!!
Al otro día, me refiero al sábado, por motivos muy personales desalquilamos la casa, yo me uní al grupo 30 alumnos de geología de Eugenia, en el albergue Suerte Loca de Merzouga y Mustapha regresó con su familia.
Enseguida em sentí muy cómoda en el grupo. Todos chicos muy jóvenes. Pero sinceramente extraño mucho la compañía de mi amigo. -Que pasa, burro por tu casa-, me parece raro no escuchar más eso.
Anoche fui a pasar la noche al desierto. Hice mi primer caminata de más de dos horas por las dunas acompañando los dromedarios y hasta hice de camellera. Si bien llegué hecha trizas al campamento de jaimas, estoy viviendo todo lo que pensaba que harñia mi sengunda vez en el desierto.
Los bereberes hicieron una fogata y tocaron tambores, cánticos y baile del dromedario hasta entrada la noche. Éramos como 20 bailando en ronda siguiendo la coreografía que marcaba Youssef. Para arriba, para abajo, para un costado,el otro...y así se fue pasando la noche y cuando me fui a recostar en la jaima los tambores seguían sonando.
Al amanecer, mientras los demás montaban dromedarios yo emprendí mi viaje de regreso al albergue andando pero a mitad d ecamino estaba tan exhausta que un australiano me cedió su dromedario. Este San Australiano me salvó de morir en el desierto!!! jejeje. No se dan una idea lo pesado que es caminar por las dunas subiendo y bajando. Terrible!
Después de desayunar nos despidimos d ela gente dle albergue y rumbeamos para Ourzazate donde pasamos la noche. Increíble pero real. Me tocó el mismo hotel que mi primera vez en la ciudad, pero esta vez hice unas fotos del sitio que es precioso.
Cenamos cous cous y mañana voy a Marrakech donde me encontraré con Dany, un chico que conocí en un foro y al quien aún no conozco más que su voz. En principio, el plan es que pasemos unos días juntos. El tiene alquilada una habitación y la vamos a compartir. Y tengo la espina de que nos vamos a llevar de maravillas. Me ha dicho que ya ha hecho muchos amigos marroquíes y yo por mi parte he hecho otro tanto.
El plan es reencontrarnos con Mustapha el 15 en Marrakech y ahí se verá pa´donde piramos.
La noche está estrellada. Los días fríos de cuando llegué ya están quedando atrás. Estoy sentada en la escalera que da a la terraza, la oscuridad me impregna, las estrellas me permiten divisar las siluetas de las casas vecinas y algunas pequeñas luces de linternas e personas que caminan hacía sus casas en la inmensidad de la noche. El viento trae el sonido de unos tambores y cánticos de una fiesta vecina. Las voces masculinas repiten una y otra vez una estrofa de algo que por más que intento no puedo repetir completamente.
Mientras tanto mi primer tajine, sin ayuda de nadie, se está cociendo a fuego lento.
Regresar a la casa, cada día cuando el sol está cayendo, mirar como la luna va ganando altura por encima de las dunas, escuchar el viento y sentir el silencio es un estado anímico y corporal íntegro y supremo.
Otra vez se escuchan los cánticos. Han cambiado la estrofa. Los tan tan, una especie de castañuelas gigantes de bronce, acompañan el ritmo de enérgicos tambores y ahora han agregado unos gritos muy enérgicos y alegres.
Tengo ganas de estar ahí, verlos de cerca. Pero el tajine se está cocinando y como Mustpaha no está en la casa y tengo la llave, no puedo ir. Tendré que esperar aunque tengo miedo que la fiesta termine. Finalmente no fui y al día siguiente me enteré que era un nacimiento.
En estos días pasaron muchas cosas.
Desde que estaba en Argentina quería ver como se hacía la pizza bereber en la arena, así que Mustapha habló con Atman, un amigo suyo que abía hacerla y al día siguiente llevamos la carne y nos fuimos a las dunas cerca d ela frontera con Argelia a preparar la pizza. No me dejaron hacer nada. Me decían: -vos estás para filmar y comer- y eso fue lo que hice.
Mientras ellos buscaban ramitas y ramas para encender el fuego yo seguía cada paso con mi cámara.
Atman preparó la verdura, y la masa de la pizza encima de una loca sobre la arena. Las brasas calentaban la arena, lo que haría de horno para la pizza. Y mientras la masa leudaba nosotros comíamos unos brochette de cordero improvisados con una rama silvestre. Yo estaba a mis anchas. Comiendo con la mano y de forma improvisada.
Cuando estuvo la masa, el chef del desierto, de manera muy habilidosa desplazó la masa sobre una manta y la estiró hasta obtener un círulo; le agregó la carne y las verduras y las cerró con la masa sobrante, logrando un perfecto óvalo relleno de carne. Pero lo más sorprendente y que yo quería ver en vivo y en directo, y no como lo había visto contado por Narda Lepes, cocinar la pizza enterrada en la arena. Fue increíble y además en no más de 20 minutos estábamos comiendo una verdadera pizza bereber hacha por un bereber en tierra bereber. Que aguanten los bereberes!!!!
Al otro día, me refiero al sábado, por motivos muy personales desalquilamos la casa, yo me uní al grupo 30 alumnos de geología de Eugenia, en el albergue Suerte Loca de Merzouga y Mustapha regresó con su familia.
Enseguida em sentí muy cómoda en el grupo. Todos chicos muy jóvenes. Pero sinceramente extraño mucho la compañía de mi amigo. -Que pasa, burro por tu casa-, me parece raro no escuchar más eso.
Anoche fui a pasar la noche al desierto. Hice mi primer caminata de más de dos horas por las dunas acompañando los dromedarios y hasta hice de camellera. Si bien llegué hecha trizas al campamento de jaimas, estoy viviendo todo lo que pensaba que harñia mi sengunda vez en el desierto.
Los bereberes hicieron una fogata y tocaron tambores, cánticos y baile del dromedario hasta entrada la noche. Éramos como 20 bailando en ronda siguiendo la coreografía que marcaba Youssef. Para arriba, para abajo, para un costado,el otro...y así se fue pasando la noche y cuando me fui a recostar en la jaima los tambores seguían sonando.
Al amanecer, mientras los demás montaban dromedarios yo emprendí mi viaje de regreso al albergue andando pero a mitad d ecamino estaba tan exhausta que un australiano me cedió su dromedario. Este San Australiano me salvó de morir en el desierto!!! jejeje. No se dan una idea lo pesado que es caminar por las dunas subiendo y bajando. Terrible!
Después de desayunar nos despidimos d ela gente dle albergue y rumbeamos para Ourzazate donde pasamos la noche. Increíble pero real. Me tocó el mismo hotel que mi primera vez en la ciudad, pero esta vez hice unas fotos del sitio que es precioso.
Cenamos cous cous y mañana voy a Marrakech donde me encontraré con Dany, un chico que conocí en un foro y al quien aún no conozco más que su voz. En principio, el plan es que pasemos unos días juntos. El tiene alquilada una habitación y la vamos a compartir. Y tengo la espina de que nos vamos a llevar de maravillas. Me ha dicho que ya ha hecho muchos amigos marroquíes y yo por mi parte he hecho otro tanto.
El plan es reencontrarnos con Mustapha el 15 en Marrakech y ahí se verá pa´donde piramos.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Si quieren ver fotos, Clik aquí: Como en casa
Llevo días sin publicar nada en el blog porque si bien logramos que el modem funcionara, la señal es tan débil que sólo nos permite mirar correos después de esperar un largo tiempo que cada página abra.
El sábado estuve en una capacitación a los pobladores de Hassi labied realizada en la sede de la Asociación Jarid, dirigida por Lidia.
Vinieron capacitadores de pueblos vecinos y durante más de dos horas, unas 15 personas estuvieron conversando en bereber sobre las diferentes experiencias en el turismo y calculo que sobre otras cosas referidas a lo mismo ya que es la fuente de ingreso actual y futura de los habitantes.
El domingo fuimos al mercado de Rissani. Tres veces a la semana, martes, jueves y domingos, todas las personas de los pueblos vecinos que tienen algo para vender vienen a Rissani. Venden verduras, burros, carne, ropa, bijoutería, calzado, marroquinería, tajines y todo lo que se les ocurra pensar. Estos tres días hay mucha más oferta y la calidad de la verdura es recién cosechada de la huerta.
Probé por segunda vez la pizza bereber, pero ahora la encargamos en la carnicería donde compramos algo de cordero y carne picada para la casa. Ahí hicieron el preparado a la vista de carne picada a cuchillo, cebolla, huevo duro, cilantro, almendras y especias y la llevaron a cocinar a un horno comunitario con el nombre de Ibrahim –que había hecho el pedido- escrito en un papel pegado sobre la masa cruda de la pizza.
Una vez lista nos fuimos hasta el restaurante Teraza. En un primer piso es el único que ofrece una vista completa del movimiento del mercado. Acompañamos la pizza con té. Fue la más rica que probé hasta el momento. Cuando terminamos me despedí de las españolas, Margarita y Marcei, que estaban en el mismo restaurante. Ellas regresaban al otro día para Ouarzazate y nosotros volvíamos a Hassi Labied con Mustapha e Ibrahim, un amigo con el que compartimos diferentes momentos.
El lunes fuimos a las dunas de Erg Chebbi. Mustapha me subió en el 4 x 4 por la arena hasta dejarme cerca de una gran duna. Esperé a que el sol empezara a perderse entre la arena para tomar unas fotos de los atardeceres en el desierto.
Recuerdo que algunas personas me decían que las segundas veces en un lugar no son tan buenas como las primeras. Y dura y testaruda como soy siempre sentí que sería maravilloso volver. No me equivoqué.
Estoy a mis anchas. Como con las manos y estoy experimentando dormir en el piso tapada con unas mantas. Descanso mejor que en una cama. Diferente a lo que se cree que de al otro día duele todo el cuerpo. Es formidable!
Ayer martes fui a ver si me encontraba con Lidia para conversar sobre los trabajos que hace en la Asociación. Después de dar vueltas por diferentes sitios del pueblo, la encontré en el hospital donde creo, si no entendí mal que sólo dos veces a la semana vienen un médico mediodía.
Era más de las 12 y en el hospital no quedaba ningún profesional así que Lidia tuvo que curar la leve quemadura de un dedo de la mano a un niño y yo le ayudé un poco.
Al niño le dimos un poco de crema dentro de una jeringa para que se siguiera aplicando en su casa.
Aprovechando que iba hasta Merzouga le pedí que me llevara porque quería ir a visitarlo a Hassan en Suerte Loca. Almorzamos y después me llevó en motocicleta hasta casa.
A la noche pasé un agradable momento durante y después de la cena en el albergue de Alí el cojo conversando con su hermano Lahcen sobre la vida, los países y la fortuna de despertarse, dormir, levantarse, y ver las dunas. Eso es vida!
Y hoy fuimos con Ibrahim, Mustapha y Moha detrás de las dunas, cerca de la frontera con Argelia, a llevar a la madre de Ibrahim a casa de su hermano que estaba un poco enfermo. Viven cerca de las montañas, lejos de todo y con lo mínimo indispensable. Como es la vida en la montaña.
Tenían un horno para hacer el pan que lo estuve mirando detenidamente porque cuando vuelva a Argentina lo voy a hacer en el patio de casa. Es similar a los de barro pero no tan armados y grandes como los que estamos acostumbrados a hacer y el espacio que se necesita es muy pequeño.
Habíamos salido con la intención de hacer un picnic detrás de las dunas pero la lluvia nos arruinó el plan y terminamos comiendo el pollo a las brasas en casa chez Ouissa. No importa si uno va de sorpresa, siempre es bienvenido.
Por suerte hoy variamos nuestra dieta a base de tajine de pollo, de carne, de huevo, etc….Almorzamos pollo a las brasas.
Y de vuelta a casa pasamos nuevamente por Erg Chebbi, subimos las dunas en el 4 x 4 . Que casi diría que es nuestra diversión permanente.
Seguramente hoy por la noche tendremos mucha lluvia, pero la temperatura está bastante bien.
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