Marrokeando

Decidir adonde viajar es empezar a construir un rumbo.
Y mi segunda vez en ese país quiero marrokear; es decir -en mi lenguaje, ya que considero que es una palabra inventada por mí- caminar cada centímetro, sumergirme en sus aromas, perderme por las callejuelas de los zocos; capturar la imagen desincronizada de los hombres con sus chilabas caminando en direcciones encontradas; de los burros cargados atravezando las angostas calles de adoquines al grito del jinete sentado sobre un paquete de fardo.
Retroceder en el tiempo, quizás más de 200 años, y presenciar las narraciones públicas en la plaza de Marrakech, la sencillez del pueblo, los trabajos artesanales en metal y cuero.
Apreciar y vivenciar una cultura muy diferente a la occidental; conocer otras formas de vida, intercambiar.
Permanecer en el desierto y despertar cada mañana con un salam aleikum, con una vista a las dunas única e irrepetible y compartiendo lo poco o lo mucho que haya con los nómadas del desierto. Adaptarme a todo lo nuevo, hasta al más mínimo gesto. Esa será mi actitud.
Les confieso algo: durante más de ocho meses sentí, por momentos, incontrolables deseos de volver. Ahora voy a intentar descubrir el porqué.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Si quieren ver fotos, Clik aquí: Como en casa


Llevo días sin publicar nada en el blog porque si bien logramos que el modem funcionara, la señal es tan débil que sólo nos permite mirar correos después de esperar un largo tiempo que cada página abra.

El sábado estuve en una capacitación a los pobladores de Hassi labied realizada en la sede de la Asociación Jarid, dirigida por Lidia.
Vinieron capacitadores de pueblos vecinos y durante más de dos horas, unas 15 personas estuvieron conversando en bereber sobre las diferentes experiencias en el turismo y calculo que sobre otras cosas referidas a lo mismo ya que es la fuente de ingreso actual y futura de los habitantes.

El domingo fuimos al mercado de Rissani. Tres veces a la semana, martes, jueves y domingos, todas las personas de los pueblos vecinos que tienen algo para vender vienen a Rissani. Venden verduras, burros, carne, ropa, bijoutería, calzado, marroquinería, tajines y todo lo que se les ocurra pensar. Estos tres días hay mucha más oferta y la calidad de la verdura es recién cosechada de la huerta.

Probé por segunda vez la pizza bereber, pero ahora la encargamos en la carnicería donde compramos algo de cordero y carne picada para la casa. Ahí hicieron el preparado a la vista de carne picada a cuchillo, cebolla, huevo duro, cilantro, almendras y especias y la llevaron a cocinar a un horno comunitario con el nombre de Ibrahim –que había hecho el pedido- escrito en un papel pegado sobre la masa cruda de la pizza.
Una vez lista nos fuimos hasta el restaurante Teraza. En un primer piso es el único que ofrece una vista completa del movimiento del mercado. Acompañamos la pizza con té. Fue la más rica que probé hasta el momento. Cuando terminamos me despedí de las españolas, Margarita y Marcei, que estaban en el mismo restaurante. Ellas regresaban al otro día para Ouarzazate y nosotros volvíamos a Hassi Labied con Mustapha e Ibrahim, un amigo con el que compartimos diferentes momentos.

El lunes fuimos a las dunas de Erg Chebbi. Mustapha me subió en el 4 x 4 por la arena hasta dejarme cerca de una gran duna. Esperé a que el sol empezara a perderse entre la arena para tomar unas fotos de los atardeceres en el desierto.

Recuerdo que algunas personas me decían que las segundas veces en un lugar no son tan buenas como las primeras. Y dura y testaruda como soy siempre sentí que sería maravilloso volver. No me equivoqué.
Estoy a mis anchas. Como con las manos y estoy experimentando dormir en el piso tapada con unas mantas. Descanso mejor que en una cama. Diferente a lo que se cree que de al otro día duele todo el cuerpo. Es formidable!

Ayer martes fui a ver si me encontraba con Lidia para conversar sobre los trabajos que hace en la Asociación. Después de dar vueltas por diferentes sitios del pueblo, la encontré en el hospital donde creo, si no entendí mal que sólo dos veces a la semana vienen un médico mediodía.

Era más de las 12 y en el hospital no quedaba ningún profesional así que Lidia tuvo que curar la leve quemadura de un dedo de la mano a un niño y yo le ayudé un poco.
Al niño le dimos un poco de crema dentro de una jeringa para que se siguiera aplicando en su casa.
Aprovechando que iba hasta Merzouga le pedí que me llevara porque quería ir a visitarlo a Hassan en Suerte Loca. Almorzamos y después me llevó en motocicleta hasta casa.

A la noche pasé un agradable momento durante y después de la cena en el albergue de Alí el cojo conversando con su hermano Lahcen sobre la vida, los países y la fortuna de despertarse, dormir, levantarse, y ver las dunas. Eso es vida!

Y hoy fuimos con Ibrahim, Mustapha y Moha detrás de las dunas, cerca de la frontera con Argelia, a llevar a la madre de Ibrahim a casa de su hermano que estaba un poco enfermo. Viven cerca de las montañas, lejos de todo y con lo mínimo indispensable. Como es la vida en la montaña.
Tenían un horno para hacer el pan que lo estuve mirando detenidamente porque cuando vuelva a Argentina lo voy a hacer en el patio de casa. Es similar a los de barro pero no tan armados y grandes como los que estamos acostumbrados a hacer y el espacio que se necesita es muy pequeño.

Habíamos salido con la intención de hacer un picnic detrás de las dunas pero la lluvia nos arruinó el plan y terminamos comiendo el pollo a las brasas en casa chez Ouissa. No importa si uno va de sorpresa, siempre es bienvenido.

Por suerte hoy variamos nuestra dieta a base de tajine de pollo, de carne, de huevo, etc….Almorzamos pollo a las brasas.

Y de vuelta a casa pasamos nuevamente por Erg Chebbi, subimos las dunas en el 4 x 4 . Que casi diría que es nuestra diversión permanente.

Seguramente hoy por la noche tendremos mucha lluvia, pero la temperatura está bastante bien.