Marrokeando

Decidir adonde viajar es empezar a construir un rumbo.
Y mi segunda vez en ese país quiero marrokear; es decir -en mi lenguaje, ya que considero que es una palabra inventada por mí- caminar cada centímetro, sumergirme en sus aromas, perderme por las callejuelas de los zocos; capturar la imagen desincronizada de los hombres con sus chilabas caminando en direcciones encontradas; de los burros cargados atravezando las angostas calles de adoquines al grito del jinete sentado sobre un paquete de fardo.
Retroceder en el tiempo, quizás más de 200 años, y presenciar las narraciones públicas en la plaza de Marrakech, la sencillez del pueblo, los trabajos artesanales en metal y cuero.
Apreciar y vivenciar una cultura muy diferente a la occidental; conocer otras formas de vida, intercambiar.
Permanecer en el desierto y despertar cada mañana con un salam aleikum, con una vista a las dunas única e irrepetible y compartiendo lo poco o lo mucho que haya con los nómadas del desierto. Adaptarme a todo lo nuevo, hasta al más mínimo gesto. Esa será mi actitud.
Les confieso algo: durante más de ocho meses sentí, por momentos, incontrolables deseos de volver. Ahora voy a intentar descubrir el porqué.

viernes, 29 de enero de 2010

Caminando las dunas


Si bien me conecto todos los días desde el albergue de un amigo, no siempre puede escribir en el blog.

Todos los días son tranquilos y vamos de visita a algún albergue donde siempre hay amigos de Mustapha o bien vamos a los pueblos vecinos cpara hacer algunas compras. En Erfoud ayer almorzamos riquísimo cous cous preparado por la madre de Mustapha. Después, volviendo para HassiLabied entramos a Rissani a comprar el modem que al final no funciona y seguimos robando internet en el albergue de nuestro amigo Ali el cojo, jejej.

Y también conseguí el chip para mi celular. Así que estoy comunicada con el mundo Marroquí y con los Argentinis que me quieran llamar.

Por la noche cenamos en la casa un tajine de carne y vimos un poco de TV. Nos dormimos tempranpo. Estábamos cansados.

A medida que pasan los días está haciendo un poco más de calor. Por ejemplo hoy estuvo espléndido. Por la mañana me fuí sóla a visitar a Hassan al albergue Suerte Loca, bebimos un té, apunté unas palabras en bereber que me estuvo enseñando y conversamos un largo rato. Me invitó a almorzar pero tenía que encontrarme con Mustapha. Quedamos en vernos otro día para compartir más tiempo.

Desde la casa hasta el albergue donde está Hassan hay aproximadamente 5 km. De ida me dejó Mustapha, pero a la vuelta regresé caminando por el oasis cercano a las dunas. Es decir que iba pasando por el patio de todos los Riads y albergues de la zona que une Merzouga con Hassi Labied.

Al pasar por el patio de una de los 2 Riad de lujo que hay frente a las dunas, su dueño me invitó a conocerlo. Acepté sin dudarlo. Y en minutos estaba intercambiando ideas y recorriendo las intalaciones.

Marruecos es así. En casa sitio se encuentra una persona con quien intercambiar.

Después de la visita al Riad nos despedimos y Ibrahim me invitó a pasar cuando quisiera para beber té. Que era bienvenida, dijo.

A esta altura tienen que saber que no e sque yo sea una genia hablando bereber sino que son ellos muy buenos hablando español, inglés, italiano, francés y todas las lenguas que puedan aprender en contacto con los turistas.

Continué caminando por el oasis hasta que, cansada de subir y bajar dunas, decidí ir por la calle.

A la entrada de Hassi Labied me encontré con Lydia, la chica que está al frente de una Asociación de voluntarios, a quien yo había contactado por mail desde Argentina.
La situación fiue la siguiente:
En el pueblo los que andan por la calle son los niños en bicicletas y las mujeres, unas pocas, en las puertas de su casa, disfrutando del sol.
En una furgonetta había una chica que se veía extranjera. Yo iba hablando por teléfono. Cuando finalizo escucho que me dicen: "Disculpa, ¿por casualidad eres Paola?". Y así nos encontramos en el pueblo y nos conocimos.

Todos los días se viven situaciones y emociones diferentes. Si bien por la calma, visto desde afuera, se podría pensar que la vida no ocurre. En mi experiencia puedo decir lo contrario. Ocurre e intensamente.

Lydia enseguida me invitó a pasar a su casa. Conversamos un momento porque Mustapha me estaba esperando en la casa y yo tenía la llave para entrar. Para esto ya era pasado el mediodía.

Decidimos no almorzar porque habíamos tenido un buen desayuno de omelletes con tomates y pimientos.
Más tarde vinieron unos amigos a nuestra casa a beber té y después nos fuimos con el auto hasta las dunas de Erg Chebbi donde tomamos unas fotos increíbles de las dunas y la luna durante la tardecita.

Hoy decidimos no cocinar. Vamos a cenar en lo de Alí el cojo.

Saba jol jail: buenos días
Tish: come

aska: mañana