Marrokeando

Decidir adonde viajar es empezar a construir un rumbo.
Y mi segunda vez en ese país quiero marrokear; es decir -en mi lenguaje, ya que considero que es una palabra inventada por mí- caminar cada centímetro, sumergirme en sus aromas, perderme por las callejuelas de los zocos; capturar la imagen desincronizada de los hombres con sus chilabas caminando en direcciones encontradas; de los burros cargados atravezando las angostas calles de adoquines al grito del jinete sentado sobre un paquete de fardo.
Retroceder en el tiempo, quizás más de 200 años, y presenciar las narraciones públicas en la plaza de Marrakech, la sencillez del pueblo, los trabajos artesanales en metal y cuero.
Apreciar y vivenciar una cultura muy diferente a la occidental; conocer otras formas de vida, intercambiar.
Permanecer en el desierto y despertar cada mañana con un salam aleikum, con una vista a las dunas única e irrepetible y compartiendo lo poco o lo mucho que haya con los nómadas del desierto. Adaptarme a todo lo nuevo, hasta al más mínimo gesto. Esa será mi actitud.
Les confieso algo: durante más de ocho meses sentí, por momentos, incontrolables deseos de volver. Ahora voy a intentar descubrir el porqué.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Preparativos

La lengua de comunicación en Marruecos es el árabe y el bereber en un 80% de la población.
Los bereberes son una tribu legendaria en Marruecos. Tribu paciente, analítica, pacífica, obstinada y que valoran mucho la amistad.
Con los años, se han disceminado por todo el territorio y viven con las comodidades que ofrece la modernidad pero conservando sus culturas ancestrales, las que fueron transmitidas oralmente en el amplísimo círculo familiar. Acostumbran tener más de seis hijos.
Es famoso el saludo entre ellos, y entre los árabes, porque suele durar el tiempo que demoran en preguntar por la familia, mientras tiñen de halagos al recién llegado en cada palabra pronunciada. Eso, podría ser una muestra de su hospitalidad.

A principio del siglo XIX hubo un viajero que tomó nota de cada día que transcurrió en suelo marroquí. Su nombre de fantasía, por el que finalmente se hizo famoso, era Alí Bey. Éste español,Domingo Francisco Jordi, cruzó el estrecho de Gibraltar para llegar a Tánger y desde ahí empezar a recorrer a pie y en camello, el país. Llegó hasta el sur de Marruecos, estuvo con los sultanes que gobernaban las ciudades imperiales y visitó la famosa ciudad de Marrakech en la época en que se llamaba MarraKus o Marruecos.

Yo no pretendo seguir sus pasos, pero fue una de las lecturas que me acompañó durante estos ocho meses de añoranza a éste magnético lugar.

Otra cosa que no debe faltar en un viaje es una guía. Así que ya tengo mi LonelyPlanet, la que leo en cada rato libre que tengo y marco con un lápiz.

SALAM ALEIKUM: es el saludo para cualquier hora del día.
ALEIKUM AS SALAM: a modo de respuesta.